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Kostum Kulture: el nacimiento de una cultura.

El fin de la Segunda Guerra Mundial marcó y modificó la cultura popular norteamericana para siempre. Uno de los tantos motivos para que esto ocurriera fue el surgimiento de nuevos actores sociales, que se volvieron con el paso del tiempo, íconos y modelos de conducta.

El pandillero motorizado fue uno de estos. Y su existencia, marcó la historia de las motos para siempre. Veamos porqué:

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Harley Davidson firma un contrato de exclusividad con el ejército y fabrica miles de motos para enviar al campo de batalla. Al finalizar el conflicto, un gran excedente de esa producción se vende por muy bajo costo a los ex soldados.

Estos jóvenes, traumatizados por la experiencia shockeante del frente, encuentran dificultades para insertarse nuevamente en la sociedad y empiezan a juntarse con sus ex compañeros de combate. Acostumbrados a la identidad colectiva y a la vez anónima del ejército, estos grupos empiezan a asumir una identidad comunal entre sí y a buscar distinguirse del resto. Y es a partir de esta búsqueda por diferenciarse que nacen las primeras motos “customizadas”.

Primero les aplican escudos, colores e insignias como símbolos de pertenencia a una misma pandilla. Las generaciones siguientes, no sólo continúan con esta costumbre de los jóvenes de post guerra sino que la potencian. El rock y su rebeldía se asocian así, para siempre, a la cultura de la customización.

La Kustom Kulture se vuelve aún más potente en los años 60 y 70. Las rutas del país son invadidas por jóvenes motorizados que buscan vivir en libertad, sobre motos que han retocado y decorado a su antojo.

Con el tiempo, la Kustom Kulture se expande por el mundo y se termina instalando en todos los países, a tal punto, que los mismos fabricantes empiezan a ofrecer entre sus modelos, motos personalizadas.

Sin embargo, con el paso de los años, las motos customizadas dejaron de ser símbolo de rebeldía para volverse la bandera de una pasión.

Customizar la moto es tomar algo fabricado en serie y volverlo original, único.  Y con cada detalle, se empieza a formar su personalidad y la moto comienza a tener su “alma” propia. De esa manera, la moto es mucho más que un objeto, pasa a ser una extensión de su dueño, en la que ambos comparten las mismas características y referencias.

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